Y ahí estábamos nosotros cuando apareció de repente.
Nos encontrábamos en la terraza de una cafetería, en plena noche, hablando entre nosotros cuando repentinamente, apareció.
No vestía una capa negra con capucha, ni portaba una guadaña en la mano, ni su cara era un cráneo sonriente, pero para nosotros no había duda, era La Muerte.
Tras presentarse, comenzó a hablar con nosotros, preguntando a cada uno nuestra procedencia. Tras contestar a sus preguntas, reaccionamos como todo ser humano corriente haría ante La Muerte, con lo que de nuestras bocas comenzaron a brotar preguntas sobre el tiempo que nos quedaba de vida y si es que había venido a nosotros para que nos uniéramos a ella.
Entre carcajadas, La Muerte se limito simplemente a contestar que aquella noche no “trabajaba” y que solo quería disfrutar del ambiente festivo, nada más, aunque nosotros desconfiábamos (¿y quién no lo haría?).
Al instante, La Muerte quiso hacer negocios con nosotros y comenzó intentando vendernos una burra, tras lo cual, quedamos estupefactos.
¡Que situación más surrealista! La mismísima muerte intentando vendernos una burra, ¿no es absurdo? Lógicamente nosotros le agradecimos la oferta, rechazándola al mismo tiempo, pues no nos fiábamos en absoluto de nada que proviniera de La Muerte.
Después de que nosotros rechazáramos esta extraña oferta, La Muerte nos sorprendió con otra aún más extraña, una cierva, a lo cual nosotros, buenos conocedores de la ley, (sobre todo las que nos incumben a nosotros), le respondimos que el tráfico de esos animales estaba prohibido, tras lo cual, La Muerte estalló en carcajadas de resignación, dándose cuenta por fin, que nosotros éramos unos chicos listos y no nos dejaríamos engañar, ni siquiera por La Muerte.
Cambiando drásticamente de tema, La Muerte nos preguntó: -¿eso que estáis fumando, es hierba?- A lo cual respondimos que no, ya que eran simples cigarrillos de liar.
Sonriendo, La Muerte metió su mano en el interior de un bolsillo sacando algo que arrojó encima de la mesa en la que estábamos sentados. Todos nosotros juntamos las cabezas para ver que era aquello, y al verlo quedamos asombrados.
Era un cogollo de hierba.
Estupefactos, miramos a La Muerte y ella nos devolvió la mirada con una sonrisa diciendo: -Eso para vosotros, es muy buena, de veras-
Le dimos las gracias casi en susurros, sin salir de nuestro asombro. La Muerte continuó hablando: -Bueno chicos, ya no os molesto más, si alguna vez decidís cambiar de opinión respecto a mis ofertas, hablad conmigo. Ahora me voy al cuarto de baño a ponerme una raya, eso yo puedo hacerlo porque soy La Muerte, vosotros no, recordadlo.
La Muerte desapareció y nosotros aun no habíamos salido de nuestro asombro.
martes, 1 de noviembre de 2011
sábado, 27 de agosto de 2011
Nuestra común amiga
Había dos jóvenes músicos, no se conocían de nada, pero coincidieron en la gran ciudad a donde se habían desplazado a buscar fortuna. Se encontraron por casualidad mientras buscaban un lugar donde poder vivir y al momento surgió la amistad entre ellos, ya que coincidían en la totalidad de sus gustos, ambos compartían el gusto por el sagrado Rock & Roll, los dos tocaban la guitarra y habían marchado a la ciudad en la búsqueda de algún trabajillo que bastara para mantenerlos mientras buscaran fortuna en el mundo de la música.
Ya que conectaron tan bien desde un principio, los dos decidieron unirse para buscar y compartir piso, cosa que lograron casi de inmediato, al encontrar un pequeño piso doble cercano al centro y también tuvieron suerte al encontrar trabajo fácilmente, con un sueldo bajo, pero que en un principio les bastaba.
La convivencia funcionó a las mil maravillas desde el principio, llegaron a ser grandes amigos y confiaban plenamente el uno en el otro y en sus primeras salidas nocturnas, no tardaron en ganarse a los músicos de la ciudad, encontrando pronto ofertas para tocar en grupos de rock.
Solamente cuando llevaban alrededor de un mes conviviendo, fue cuando los dos jóvenes realizaron un gran descubrimiento.
Se dieron cuenta, mientras conversaban sobre sus vidas, de que tenían una amiga en común, una amiga que ambos conocían muy bien. Esta noticia llenó de euforia a los dos amigos, que inmediatamente se pusieron en contacto con esa común amiga, que precisamente, también se encontraba en aquella ciudad a la que habían ido a vivir.
Aquella amiga enseguida comenzó a frecuentar el apartamento de los dos jóvenes, que siempre la recibían con los brazos abiertos, incluso pasaba con ellos noches enteras, ya que sabía muy bien como satisfacer a los dos y ellos no podían resistirse a sus encantos.
Esta amiga de ambos se llamaba Heroína.
Los días pasaron, y Heroína seguía muy presente en las vidas de estos dos jóvenes. No fueron pocas las noches que pasó con ellos, e incluso días enteros! Ellos no cabían en su gozo, estaban pasando los mejores días de sus vidas, o al menos eso es lo que Heroína les hacía pensar.
Sin embargo, había ciertos periodos de tiempo en los que Heroína desaparecía sin dar señales de vida, y por más que los dos amigos intentaran ponerse en contacto con ella, ésta no acudía a la llamada. Precisamente, estos periodos eran los de más carestía económica de ambos, porque esa es una importante cuestión!: sin dinero, Heroína no aparecerá.
Y estos eran los peores días de los dos amigos…Heroína los había hecho subir al cielo para dejarlos caer de repente y pasaban los días lamentándose de su ausencia.
Pero cuando volvían los buenos tiempos, Heroína volvía al hogar y los muchachos lo celebraban a lo grande y poco a poco desarrollaron una perfecta administración económica de modo que Heroína estuviera siempre presente en sus vidas, a veces en modos más satisfactorios y a veces en menos, pero siempre presente, eso era lo importante.
Pasado un tiempo, el más avispado de los dos amigos, comenzó a darse cuenta de que lo mejor para él era que Heroína desapareciera de su vida, de ninguna manera podía depender tanto de ella, no señor. De modo que un día sucedió que habló a solas con ella para explicarle que no la quería más en su vida y que tenía que desaparecer. Ella respondió, muy comprensiva que entendía todo perfectamente y le pidió al joven que pasara una última noche con ella a solas y que a la mañana siguiente desaparecería para siempre.
Por supuesto, el joven no pudo negarse a tal proposición y se preparó para aquella noche a solas con Heroína.
Transcurrió la noche y llegó el día en tan solo un momento. Él nunca pudo recordar con exactitud lo que pasó aquella noche, tan solo que fue la mejor de su vida y que cuando despertó, eran casi las 15:00 PM. Con la mente embotada, trató de recordar los sucesos de la noche, pero inútil. Entonces miró por toda la habitación y vio que Heroína se había marchado, había desaparecido.
Sintió una momentánea alegría, -¡Por fin lo he logrado!- pensó. Salió a la calle a dar un paseo, y todo le parecía distinto… los rayos del sol, la brisa…no parecía lo mismo, aunque se sentía alegre. Pero esta alegría le sabía un tanto amarga y no lo complacía en absoluto.
Llegó la noche y tirado en su cama, fue cuando el joven comenzó a sentir cada vez más nostalgia hasta que no pudo soportarlo más y alargó la mano hacia el teléfono móvil, marcando el número de aquella amiga que le había dado tantas alegrías y penas.
Esperó unos segundos que se hicieron interminables a que contestaran, hasta que al otro lado del auricular escuchó la dulce voz que le dijo… -Hola cariño…-
Y el joven comenzó a sonreir…
Ya que conectaron tan bien desde un principio, los dos decidieron unirse para buscar y compartir piso, cosa que lograron casi de inmediato, al encontrar un pequeño piso doble cercano al centro y también tuvieron suerte al encontrar trabajo fácilmente, con un sueldo bajo, pero que en un principio les bastaba.
La convivencia funcionó a las mil maravillas desde el principio, llegaron a ser grandes amigos y confiaban plenamente el uno en el otro y en sus primeras salidas nocturnas, no tardaron en ganarse a los músicos de la ciudad, encontrando pronto ofertas para tocar en grupos de rock.
Solamente cuando llevaban alrededor de un mes conviviendo, fue cuando los dos jóvenes realizaron un gran descubrimiento.
Se dieron cuenta, mientras conversaban sobre sus vidas, de que tenían una amiga en común, una amiga que ambos conocían muy bien. Esta noticia llenó de euforia a los dos amigos, que inmediatamente se pusieron en contacto con esa común amiga, que precisamente, también se encontraba en aquella ciudad a la que habían ido a vivir.
Aquella amiga enseguida comenzó a frecuentar el apartamento de los dos jóvenes, que siempre la recibían con los brazos abiertos, incluso pasaba con ellos noches enteras, ya que sabía muy bien como satisfacer a los dos y ellos no podían resistirse a sus encantos.
Esta amiga de ambos se llamaba Heroína.
Los días pasaron, y Heroína seguía muy presente en las vidas de estos dos jóvenes. No fueron pocas las noches que pasó con ellos, e incluso días enteros! Ellos no cabían en su gozo, estaban pasando los mejores días de sus vidas, o al menos eso es lo que Heroína les hacía pensar.
Sin embargo, había ciertos periodos de tiempo en los que Heroína desaparecía sin dar señales de vida, y por más que los dos amigos intentaran ponerse en contacto con ella, ésta no acudía a la llamada. Precisamente, estos periodos eran los de más carestía económica de ambos, porque esa es una importante cuestión!: sin dinero, Heroína no aparecerá.
Y estos eran los peores días de los dos amigos…Heroína los había hecho subir al cielo para dejarlos caer de repente y pasaban los días lamentándose de su ausencia.
Pero cuando volvían los buenos tiempos, Heroína volvía al hogar y los muchachos lo celebraban a lo grande y poco a poco desarrollaron una perfecta administración económica de modo que Heroína estuviera siempre presente en sus vidas, a veces en modos más satisfactorios y a veces en menos, pero siempre presente, eso era lo importante.
Pasado un tiempo, el más avispado de los dos amigos, comenzó a darse cuenta de que lo mejor para él era que Heroína desapareciera de su vida, de ninguna manera podía depender tanto de ella, no señor. De modo que un día sucedió que habló a solas con ella para explicarle que no la quería más en su vida y que tenía que desaparecer. Ella respondió, muy comprensiva que entendía todo perfectamente y le pidió al joven que pasara una última noche con ella a solas y que a la mañana siguiente desaparecería para siempre.
Por supuesto, el joven no pudo negarse a tal proposición y se preparó para aquella noche a solas con Heroína.
Transcurrió la noche y llegó el día en tan solo un momento. Él nunca pudo recordar con exactitud lo que pasó aquella noche, tan solo que fue la mejor de su vida y que cuando despertó, eran casi las 15:00 PM. Con la mente embotada, trató de recordar los sucesos de la noche, pero inútil. Entonces miró por toda la habitación y vio que Heroína se había marchado, había desaparecido.
Sintió una momentánea alegría, -¡Por fin lo he logrado!- pensó. Salió a la calle a dar un paseo, y todo le parecía distinto… los rayos del sol, la brisa…no parecía lo mismo, aunque se sentía alegre. Pero esta alegría le sabía un tanto amarga y no lo complacía en absoluto.
Llegó la noche y tirado en su cama, fue cuando el joven comenzó a sentir cada vez más nostalgia hasta que no pudo soportarlo más y alargó la mano hacia el teléfono móvil, marcando el número de aquella amiga que le había dado tantas alegrías y penas.
Esperó unos segundos que se hicieron interminables a que contestaran, hasta que al otro lado del auricular escuchó la dulce voz que le dijo… -Hola cariño…-
Y el joven comenzó a sonreir…
miércoles, 3 de febrero de 2010
Sin lugar en su mundo, Parte 1
Esta historia que voy a contar sucedió hace algunos siglos en el antiguo Japón, una tierra en la que aun no existían armas de fuego mientras que en otras tierras se utilizaban potentes cañones para derribar murallas, una tierra donde la espada y el honor jugaban un importante papel...
Una buena mañana, el joven Yoshiki caminaba cabizbajo por el bosque cercano a su aldea mientras por su cabeza rondaban preocupaciones varias. Siguió caminando hasta que a lo lejos divisó una figura sentada bajo la sombra de un grán arbol. Se acercó un poco mas, era el viejo Futoshi, un sabio anciano del pueblo. Futoshi al ver al joven, adivinó enseguida que algo le turbaba y le animó a compartirlo con el, prometiendo ayudarle. Yoshiki nunca habia sabido esconder nada y su cara era como un libro abierto que mostraba sus estados de ánimo, asi que decidió contarle al viejo la grán preocupacion que tenía.
En la aldea, a Yoshiki le miraban mal, porque a diferencia de otros jóvenes de su edad, Yoshiki aun no había tenido éxito en las cacerías, y no había sido capaz de llevar ninguna presa capturada a la aldea, ninguna piel de animal... Los demás jóvenes y no tan jóvenes de la aldea, se reían de Yoshiki por esto, y ponían en duda su honor y su hombría.
El anciano, al escuchar esto, dijo a Yoshiki:
-No debes apesadumbrarte por esto, un hombre no se mide por la cantidad de presas que caze ni por su destreza con el arco. Tu eres un buen muchacho, tu bondad es extrema, siempres estas dispuesto a ayudar a los demás sin recibir nada a cambio...te he estado observando durante dias y tienes un gran espíritu y un buen corazón. Eres una buena persona y ya quisieran muchos de los que de ti se burlan, poseer estas virtudes, deberías sentirte orgulloso.-
Yoshiki agradeció al viejo sus palabras, pero le contestó que en la sociedad en que vivían nadie se fijaba en el tipo de virtudes que pudiera poseer, que jamás sería aceptado en la sociedad si no llevaba una buena presa al pueblo, que estaría destinado a la marginación y se vería obligado a marcharse del pueblo por no poder soportar la deshonrra.
-No es del todo falso lo que dices- Respondió Futoshi- Es una lastima que los hombres solo vean el exterior, cuando lo que realmente nos define como personas es nuestro interior, pero voy a ayudarte, te daré algunos consejos que pueden serte de ayuda para cazar una presa y que te acepte la gente de la aldea.-
Yoshiki se sentó a escuchar las palabras del anciano.
-En primer lugar siempre tienes que conservar la calma cuando acechas a un amimal, no hacer más movimientos de los necesarios, un pequeño ruido y espantarás a la presa. Actua siempre con serenidad y calma, pero no te descuides nunca ni te acerques demasiado al animal, guarda siempre una gran distancia...observale, estudia sus movimientos, sus zonas de movimiento...recuerda que tu eres inteligente y ellos son solo animales. Y cuando apuntes con tu arco no tiembles, pues la flecha se desviaría. Sigue estos consejos, y te serán de gran utilidad en la caza.-
Yoshiki prometió al viejo que así lo haría y volvió a la aldea a prepararse. Tras dormir esa noche y estar descansado, a la mañana siguiente, armado con su arco y flechas, se adentró en lo más profundo del bosque.
Caminaba despacio y sigilosamente, procurando hacer el menos ruido. El viejo le había advertido que siempre caminara en contra del viento, ya que si lo hacía al contrario, el viento podía llevar su olor a animales que se encontraran más adelante y espantarlos, así que de esa forma lo hizo.
Llevaba un buen rato caminando. Se movía tan sigilosamente que todos los demás sonidos del bosque parecían intensificados y le asaltó de nuevo la sensación de que él era la presa y estaba siendo observado. Empezó a ponerse nervioso, ahora se movía con más brusquedad y haciendo mas ruido, era lo que siempre le ocurría, pero recordó las palabras del viejo e intentó calmarse, pero sin éxito.
De repente, a poca distancia la vió. Era una liebre, yacía inmovil acurrucada al lado del tronco de un gran arbol. Yoshiki observó que el animal tenía una pata rota, ya que la tenía ensangrentada y en un ángulo extraño. Yoshiki pensó: -Pobre animal, está sufriendo y es tan pequeña...debería llevarla a casa y cuidarla hasta que se recupere, ademas, no tiene mérito llevar un animal tan pequeño como caza.-
Yoshiki dio un paso para acercarse a la liebre, y el animal de impediato se dió cuenta de su presencia, pero apenas pudo moverse y miro a Yoshiki con sus pequeños ojos diciendole:
-¡Mirame muchacho, estoy herida e indefensa, mátame y así podras mostrar que por fin conseguiste una presa! Lo tienes muy fácil, solo apuntar y disparar, como puedes ver no puedo moverme, asi que...¡a que esperas!? ¡¡eres tan imbecil que hasta pensabas en ayudarme!!!
El joven puso una flecha en el arco y apuntó al animal que clavaba sus ojos en él. Soltó la cuerda.
La flecha se clavó en el cuello del animal que cayó muerto al instante. Sus ojos todavía seguían fijos en el muchaho, mientras la sangre brotaba de la herida. Yoshiki recogió al animal y se dirigió de vuelta a la aldea.
Pero al regresar, sucedió lo que había temido, los demás jovenes se burlaron de él diciendo que no tenía ningun mérito abatir a un animal moribundo y que hasta un niño pequeño sería capaz de cazar una liebre, asi que resignado y dolido, Yoshiki se retiró a su hogar muy triste, pero pensó en que no podía rendirse y que mañana sería otro dia.
A la mañana siguiente volvió a salir temprano dispuesto a cobrar una buena pieza esta vez. Caminó por el bosque hasta que en un claro, vió una hermosa cierva bebiendo agua en un arroyo, tenía una hermosa piel y era una oporunidad perfecta, ya que la cierva no habia advertido su presencia, así que se dispuso a apuntar con el arco, cuando la cierva dijo:
-Sabía que me estabas observando, haces tanto ruido que te escucharía desde el otro lado del bosque. ¿Quieres cazarme? esta bien, comprendo que debes hacerlo para poder ser aceptado en tu sociedad, pero antes he de hacerte una proposicion. Te llevaré a un lugar donde hay mas como yo, asi podras llevar mas piezas de caza a tu aldea y al fin serás aceptado y reconocido como mereces.-
Yoshiki penso: -Si llevo a la aldea varias hermosas ciervas como esta, seré vitoreado y me reconocerán como un grán cazador...¡me aceptarán con los brazos abiertos!-
Asi que bajó el arco y se puso a seguir a la cierva. Llevaba ya algunas horas siguiendola, ya estaba oscureciendo cuando de repente la cierva se detuvo en seco y le dijo a Yoshiki sonriendo:
-Eres un humano muy necio, ahora pagarás cara tu estupidez-
y rompió a correr a gran velocidad bosque adentro. Yoshiki boqueabierto intentó perseguir a la cierva, pero esta ya había desaparecido entre los árboles y además, ya había oscurecido. Yoshiki se dió cuenta de que la cierva se la había jugado y vio la triste realidad....
Era de noche y estaba perdido en el bosque.
Una buena mañana, el joven Yoshiki caminaba cabizbajo por el bosque cercano a su aldea mientras por su cabeza rondaban preocupaciones varias. Siguió caminando hasta que a lo lejos divisó una figura sentada bajo la sombra de un grán arbol. Se acercó un poco mas, era el viejo Futoshi, un sabio anciano del pueblo. Futoshi al ver al joven, adivinó enseguida que algo le turbaba y le animó a compartirlo con el, prometiendo ayudarle. Yoshiki nunca habia sabido esconder nada y su cara era como un libro abierto que mostraba sus estados de ánimo, asi que decidió contarle al viejo la grán preocupacion que tenía.
En la aldea, a Yoshiki le miraban mal, porque a diferencia de otros jóvenes de su edad, Yoshiki aun no había tenido éxito en las cacerías, y no había sido capaz de llevar ninguna presa capturada a la aldea, ninguna piel de animal... Los demás jóvenes y no tan jóvenes de la aldea, se reían de Yoshiki por esto, y ponían en duda su honor y su hombría.
El anciano, al escuchar esto, dijo a Yoshiki:
-No debes apesadumbrarte por esto, un hombre no se mide por la cantidad de presas que caze ni por su destreza con el arco. Tu eres un buen muchacho, tu bondad es extrema, siempres estas dispuesto a ayudar a los demás sin recibir nada a cambio...te he estado observando durante dias y tienes un gran espíritu y un buen corazón. Eres una buena persona y ya quisieran muchos de los que de ti se burlan, poseer estas virtudes, deberías sentirte orgulloso.-
Yoshiki agradeció al viejo sus palabras, pero le contestó que en la sociedad en que vivían nadie se fijaba en el tipo de virtudes que pudiera poseer, que jamás sería aceptado en la sociedad si no llevaba una buena presa al pueblo, que estaría destinado a la marginación y se vería obligado a marcharse del pueblo por no poder soportar la deshonrra.
-No es del todo falso lo que dices- Respondió Futoshi- Es una lastima que los hombres solo vean el exterior, cuando lo que realmente nos define como personas es nuestro interior, pero voy a ayudarte, te daré algunos consejos que pueden serte de ayuda para cazar una presa y que te acepte la gente de la aldea.-
Yoshiki se sentó a escuchar las palabras del anciano.
-En primer lugar siempre tienes que conservar la calma cuando acechas a un amimal, no hacer más movimientos de los necesarios, un pequeño ruido y espantarás a la presa. Actua siempre con serenidad y calma, pero no te descuides nunca ni te acerques demasiado al animal, guarda siempre una gran distancia...observale, estudia sus movimientos, sus zonas de movimiento...recuerda que tu eres inteligente y ellos son solo animales. Y cuando apuntes con tu arco no tiembles, pues la flecha se desviaría. Sigue estos consejos, y te serán de gran utilidad en la caza.-
Yoshiki prometió al viejo que así lo haría y volvió a la aldea a prepararse. Tras dormir esa noche y estar descansado, a la mañana siguiente, armado con su arco y flechas, se adentró en lo más profundo del bosque.
Caminaba despacio y sigilosamente, procurando hacer el menos ruido. El viejo le había advertido que siempre caminara en contra del viento, ya que si lo hacía al contrario, el viento podía llevar su olor a animales que se encontraran más adelante y espantarlos, así que de esa forma lo hizo.
Llevaba un buen rato caminando. Se movía tan sigilosamente que todos los demás sonidos del bosque parecían intensificados y le asaltó de nuevo la sensación de que él era la presa y estaba siendo observado. Empezó a ponerse nervioso, ahora se movía con más brusquedad y haciendo mas ruido, era lo que siempre le ocurría, pero recordó las palabras del viejo e intentó calmarse, pero sin éxito.
De repente, a poca distancia la vió. Era una liebre, yacía inmovil acurrucada al lado del tronco de un gran arbol. Yoshiki observó que el animal tenía una pata rota, ya que la tenía ensangrentada y en un ángulo extraño. Yoshiki pensó: -Pobre animal, está sufriendo y es tan pequeña...debería llevarla a casa y cuidarla hasta que se recupere, ademas, no tiene mérito llevar un animal tan pequeño como caza.-
Yoshiki dio un paso para acercarse a la liebre, y el animal de impediato se dió cuenta de su presencia, pero apenas pudo moverse y miro a Yoshiki con sus pequeños ojos diciendole:
-¡Mirame muchacho, estoy herida e indefensa, mátame y así podras mostrar que por fin conseguiste una presa! Lo tienes muy fácil, solo apuntar y disparar, como puedes ver no puedo moverme, asi que...¡a que esperas!? ¡¡eres tan imbecil que hasta pensabas en ayudarme!!!
El joven puso una flecha en el arco y apuntó al animal que clavaba sus ojos en él. Soltó la cuerda.
La flecha se clavó en el cuello del animal que cayó muerto al instante. Sus ojos todavía seguían fijos en el muchaho, mientras la sangre brotaba de la herida. Yoshiki recogió al animal y se dirigió de vuelta a la aldea.
Pero al regresar, sucedió lo que había temido, los demás jovenes se burlaron de él diciendo que no tenía ningun mérito abatir a un animal moribundo y que hasta un niño pequeño sería capaz de cazar una liebre, asi que resignado y dolido, Yoshiki se retiró a su hogar muy triste, pero pensó en que no podía rendirse y que mañana sería otro dia.
A la mañana siguiente volvió a salir temprano dispuesto a cobrar una buena pieza esta vez. Caminó por el bosque hasta que en un claro, vió una hermosa cierva bebiendo agua en un arroyo, tenía una hermosa piel y era una oporunidad perfecta, ya que la cierva no habia advertido su presencia, así que se dispuso a apuntar con el arco, cuando la cierva dijo:
-Sabía que me estabas observando, haces tanto ruido que te escucharía desde el otro lado del bosque. ¿Quieres cazarme? esta bien, comprendo que debes hacerlo para poder ser aceptado en tu sociedad, pero antes he de hacerte una proposicion. Te llevaré a un lugar donde hay mas como yo, asi podras llevar mas piezas de caza a tu aldea y al fin serás aceptado y reconocido como mereces.-
Yoshiki penso: -Si llevo a la aldea varias hermosas ciervas como esta, seré vitoreado y me reconocerán como un grán cazador...¡me aceptarán con los brazos abiertos!-
Asi que bajó el arco y se puso a seguir a la cierva. Llevaba ya algunas horas siguiendola, ya estaba oscureciendo cuando de repente la cierva se detuvo en seco y le dijo a Yoshiki sonriendo:
-Eres un humano muy necio, ahora pagarás cara tu estupidez-
y rompió a correr a gran velocidad bosque adentro. Yoshiki boqueabierto intentó perseguir a la cierva, pero esta ya había desaparecido entre los árboles y además, ya había oscurecido. Yoshiki se dió cuenta de que la cierva se la había jugado y vio la triste realidad....
Era de noche y estaba perdido en el bosque.
martes, 5 de enero de 2010
We die young
Hoy es la noche...
Estaba todo planeado a la perfeccion, esta noche tenía que ocurrir...Eran las 23:00 y ahí estaba, en su gran habitación rodeado de todos los discos de platino y diamánte, rodeado por guitarras y amplificadores, rodeado de estanterias rebosantes de viejos vinilos, las paredes repletas de viejas y recientes fotografias...
Salió a su balcon, desde él podía observar todos los territorios adyacentes a la mansión y penso de nuevo que podría haber utilizado el cercano bosque para llevar a cabo su plan, pero...¡Qué coño, lo del bosque seria muy poco original! Había luna llena, un cielo estrellado y ni una sola nube, aparte de un silencio extremo, era la noche perfecta. Volvió a la habitación y miro el reloj...las 23:15...Solo tres cuartos de hora para el gran momento, solo tres jodidos cuartos de hora... Se dispuso a recordar rápidamente toda su vida: desde su infancia hasta su traslado a Seattle, donde conoció a los muchachos y empezó sus pinitos con las drogas...si...una dura época...pero poco después llego el éxito, las grandes giras, los contratos discográficos y la constante preocupación por lo que el futuro pudiera deparar.
Llevaba alrededor de un año dandole vueltas al plan que llevaría a cabo esta noche, lo más grande que había planeado en toda su vida. Desde hace ya más de un año había problemas muy grandes con el resto de la banda, las relaciones se habían deteriorado bastante y el abuso de las drogas había causado grandes estragos, pero lo peor de todo fue que su único gran temor en la vida, se habia cumplido.
Se había quedado sin ideas, perdió su genio, gracias al cual habian llegado a lo más alto del mundo. Y...¿Qué era él sin su genio? Nadie...absolutamente nadie, un simple mortal indefenso.
Pero no podía permitirlo, de ninguna manera...así llego a la conclusión de que lo mejor de todo era ponerle solucción. Al principio sentía miedo y dudaba de si sería capaz de aquello, pero finalmente vio que era la única salida, había llegado a lo más alto y ahora no caeria, su destino estaba escrito, habia tenido una vida muy intensa y habia gozado de todo lo que una persona puede desear, asi que esta noche ocurriría.
Las 23:45, recta final. Tan solo 15 minutos. Se apresuró a guardar en un sobre la carta que había escrito dirigida a las pocas personas que realmente le importaban y lo dejó encima de su escritorio. Seguidamente, abrió el cajon del escritorio y sacó una de sus posesiones mas preciadas: un revolver Colt del calibre 36, en perfectas condiciones adquirido recientemente en una casa de subastas, estaba cargado.
Se dirigió al fondo de su habitacion, donde colgada de la pared estaba su foto con Neil Young, sentandose en el suelo justo enfrente de la fotografía, amartilló el revolver y esperó, dedicando sus pensamientos a imaginar que pensarían de esto los demas miembros de la banda, se imaginó las caras que pondrían y no pudo evitar dejar escapar una sonrisa.
Sonó la alarma de su reloj de pulsera, eran las 00:00, del 23 de Junio, el día de su vigesimoséptimo cumpleaños, se introdujo el cañon del revolver en la boca y puso el dedo sobre el gatillo.
"Viviré eternamente" pensó y apretó el gatillo.
Estaba todo planeado a la perfeccion, esta noche tenía que ocurrir...Eran las 23:00 y ahí estaba, en su gran habitación rodeado de todos los discos de platino y diamánte, rodeado por guitarras y amplificadores, rodeado de estanterias rebosantes de viejos vinilos, las paredes repletas de viejas y recientes fotografias...
Salió a su balcon, desde él podía observar todos los territorios adyacentes a la mansión y penso de nuevo que podría haber utilizado el cercano bosque para llevar a cabo su plan, pero...¡Qué coño, lo del bosque seria muy poco original! Había luna llena, un cielo estrellado y ni una sola nube, aparte de un silencio extremo, era la noche perfecta. Volvió a la habitación y miro el reloj...las 23:15...Solo tres cuartos de hora para el gran momento, solo tres jodidos cuartos de hora... Se dispuso a recordar rápidamente toda su vida: desde su infancia hasta su traslado a Seattle, donde conoció a los muchachos y empezó sus pinitos con las drogas...si...una dura época...pero poco después llego el éxito, las grandes giras, los contratos discográficos y la constante preocupación por lo que el futuro pudiera deparar.
Llevaba alrededor de un año dandole vueltas al plan que llevaría a cabo esta noche, lo más grande que había planeado en toda su vida. Desde hace ya más de un año había problemas muy grandes con el resto de la banda, las relaciones se habían deteriorado bastante y el abuso de las drogas había causado grandes estragos, pero lo peor de todo fue que su único gran temor en la vida, se habia cumplido.
Se había quedado sin ideas, perdió su genio, gracias al cual habian llegado a lo más alto del mundo. Y...¿Qué era él sin su genio? Nadie...absolutamente nadie, un simple mortal indefenso.
Pero no podía permitirlo, de ninguna manera...así llego a la conclusión de que lo mejor de todo era ponerle solucción. Al principio sentía miedo y dudaba de si sería capaz de aquello, pero finalmente vio que era la única salida, había llegado a lo más alto y ahora no caeria, su destino estaba escrito, habia tenido una vida muy intensa y habia gozado de todo lo que una persona puede desear, asi que esta noche ocurriría.
Las 23:45, recta final. Tan solo 15 minutos. Se apresuró a guardar en un sobre la carta que había escrito dirigida a las pocas personas que realmente le importaban y lo dejó encima de su escritorio. Seguidamente, abrió el cajon del escritorio y sacó una de sus posesiones mas preciadas: un revolver Colt del calibre 36, en perfectas condiciones adquirido recientemente en una casa de subastas, estaba cargado.
Se dirigió al fondo de su habitacion, donde colgada de la pared estaba su foto con Neil Young, sentandose en el suelo justo enfrente de la fotografía, amartilló el revolver y esperó, dedicando sus pensamientos a imaginar que pensarían de esto los demas miembros de la banda, se imaginó las caras que pondrían y no pudo evitar dejar escapar una sonrisa.
Sonó la alarma de su reloj de pulsera, eran las 00:00, del 23 de Junio, el día de su vigesimoséptimo cumpleaños, se introdujo el cañon del revolver en la boca y puso el dedo sobre el gatillo.
"Viviré eternamente" pensó y apretó el gatillo.
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