Y ahí estábamos nosotros cuando apareció de repente.
Nos encontrábamos en la terraza de una cafetería, en plena noche, hablando entre nosotros cuando repentinamente, apareció.
No vestía una capa negra con capucha, ni portaba una guadaña en la mano, ni su cara era un cráneo sonriente, pero para nosotros no había duda, era La Muerte.
Tras presentarse, comenzó a hablar con nosotros, preguntando a cada uno nuestra procedencia. Tras contestar a sus preguntas, reaccionamos como todo ser humano corriente haría ante La Muerte, con lo que de nuestras bocas comenzaron a brotar preguntas sobre el tiempo que nos quedaba de vida y si es que había venido a nosotros para que nos uniéramos a ella.
Entre carcajadas, La Muerte se limito simplemente a contestar que aquella noche no “trabajaba” y que solo quería disfrutar del ambiente festivo, nada más, aunque nosotros desconfiábamos (¿y quién no lo haría?).
Al instante, La Muerte quiso hacer negocios con nosotros y comenzó intentando vendernos una burra, tras lo cual, quedamos estupefactos.
¡Que situación más surrealista! La mismísima muerte intentando vendernos una burra, ¿no es absurdo? Lógicamente nosotros le agradecimos la oferta, rechazándola al mismo tiempo, pues no nos fiábamos en absoluto de nada que proviniera de La Muerte.
Después de que nosotros rechazáramos esta extraña oferta, La Muerte nos sorprendió con otra aún más extraña, una cierva, a lo cual nosotros, buenos conocedores de la ley, (sobre todo las que nos incumben a nosotros), le respondimos que el tráfico de esos animales estaba prohibido, tras lo cual, La Muerte estalló en carcajadas de resignación, dándose cuenta por fin, que nosotros éramos unos chicos listos y no nos dejaríamos engañar, ni siquiera por La Muerte.
Cambiando drásticamente de tema, La Muerte nos preguntó: -¿eso que estáis fumando, es hierba?- A lo cual respondimos que no, ya que eran simples cigarrillos de liar.
Sonriendo, La Muerte metió su mano en el interior de un bolsillo sacando algo que arrojó encima de la mesa en la que estábamos sentados. Todos nosotros juntamos las cabezas para ver que era aquello, y al verlo quedamos asombrados.
Era un cogollo de hierba.
Estupefactos, miramos a La Muerte y ella nos devolvió la mirada con una sonrisa diciendo: -Eso para vosotros, es muy buena, de veras-
Le dimos las gracias casi en susurros, sin salir de nuestro asombro. La Muerte continuó hablando: -Bueno chicos, ya no os molesto más, si alguna vez decidís cambiar de opinión respecto a mis ofertas, hablad conmigo. Ahora me voy al cuarto de baño a ponerme una raya, eso yo puedo hacerlo porque soy La Muerte, vosotros no, recordadlo.
La Muerte desapareció y nosotros aun no habíamos salido de nuestro asombro.
martes, 1 de noviembre de 2011
sábado, 27 de agosto de 2011
Nuestra común amiga
Había dos jóvenes músicos, no se conocían de nada, pero coincidieron en la gran ciudad a donde se habían desplazado a buscar fortuna. Se encontraron por casualidad mientras buscaban un lugar donde poder vivir y al momento surgió la amistad entre ellos, ya que coincidían en la totalidad de sus gustos, ambos compartían el gusto por el sagrado Rock & Roll, los dos tocaban la guitarra y habían marchado a la ciudad en la búsqueda de algún trabajillo que bastara para mantenerlos mientras buscaran fortuna en el mundo de la música.
Ya que conectaron tan bien desde un principio, los dos decidieron unirse para buscar y compartir piso, cosa que lograron casi de inmediato, al encontrar un pequeño piso doble cercano al centro y también tuvieron suerte al encontrar trabajo fácilmente, con un sueldo bajo, pero que en un principio les bastaba.
La convivencia funcionó a las mil maravillas desde el principio, llegaron a ser grandes amigos y confiaban plenamente el uno en el otro y en sus primeras salidas nocturnas, no tardaron en ganarse a los músicos de la ciudad, encontrando pronto ofertas para tocar en grupos de rock.
Solamente cuando llevaban alrededor de un mes conviviendo, fue cuando los dos jóvenes realizaron un gran descubrimiento.
Se dieron cuenta, mientras conversaban sobre sus vidas, de que tenían una amiga en común, una amiga que ambos conocían muy bien. Esta noticia llenó de euforia a los dos amigos, que inmediatamente se pusieron en contacto con esa común amiga, que precisamente, también se encontraba en aquella ciudad a la que habían ido a vivir.
Aquella amiga enseguida comenzó a frecuentar el apartamento de los dos jóvenes, que siempre la recibían con los brazos abiertos, incluso pasaba con ellos noches enteras, ya que sabía muy bien como satisfacer a los dos y ellos no podían resistirse a sus encantos.
Esta amiga de ambos se llamaba Heroína.
Los días pasaron, y Heroína seguía muy presente en las vidas de estos dos jóvenes. No fueron pocas las noches que pasó con ellos, e incluso días enteros! Ellos no cabían en su gozo, estaban pasando los mejores días de sus vidas, o al menos eso es lo que Heroína les hacía pensar.
Sin embargo, había ciertos periodos de tiempo en los que Heroína desaparecía sin dar señales de vida, y por más que los dos amigos intentaran ponerse en contacto con ella, ésta no acudía a la llamada. Precisamente, estos periodos eran los de más carestía económica de ambos, porque esa es una importante cuestión!: sin dinero, Heroína no aparecerá.
Y estos eran los peores días de los dos amigos…Heroína los había hecho subir al cielo para dejarlos caer de repente y pasaban los días lamentándose de su ausencia.
Pero cuando volvían los buenos tiempos, Heroína volvía al hogar y los muchachos lo celebraban a lo grande y poco a poco desarrollaron una perfecta administración económica de modo que Heroína estuviera siempre presente en sus vidas, a veces en modos más satisfactorios y a veces en menos, pero siempre presente, eso era lo importante.
Pasado un tiempo, el más avispado de los dos amigos, comenzó a darse cuenta de que lo mejor para él era que Heroína desapareciera de su vida, de ninguna manera podía depender tanto de ella, no señor. De modo que un día sucedió que habló a solas con ella para explicarle que no la quería más en su vida y que tenía que desaparecer. Ella respondió, muy comprensiva que entendía todo perfectamente y le pidió al joven que pasara una última noche con ella a solas y que a la mañana siguiente desaparecería para siempre.
Por supuesto, el joven no pudo negarse a tal proposición y se preparó para aquella noche a solas con Heroína.
Transcurrió la noche y llegó el día en tan solo un momento. Él nunca pudo recordar con exactitud lo que pasó aquella noche, tan solo que fue la mejor de su vida y que cuando despertó, eran casi las 15:00 PM. Con la mente embotada, trató de recordar los sucesos de la noche, pero inútil. Entonces miró por toda la habitación y vio que Heroína se había marchado, había desaparecido.
Sintió una momentánea alegría, -¡Por fin lo he logrado!- pensó. Salió a la calle a dar un paseo, y todo le parecía distinto… los rayos del sol, la brisa…no parecía lo mismo, aunque se sentía alegre. Pero esta alegría le sabía un tanto amarga y no lo complacía en absoluto.
Llegó la noche y tirado en su cama, fue cuando el joven comenzó a sentir cada vez más nostalgia hasta que no pudo soportarlo más y alargó la mano hacia el teléfono móvil, marcando el número de aquella amiga que le había dado tantas alegrías y penas.
Esperó unos segundos que se hicieron interminables a que contestaran, hasta que al otro lado del auricular escuchó la dulce voz que le dijo… -Hola cariño…-
Y el joven comenzó a sonreir…
Ya que conectaron tan bien desde un principio, los dos decidieron unirse para buscar y compartir piso, cosa que lograron casi de inmediato, al encontrar un pequeño piso doble cercano al centro y también tuvieron suerte al encontrar trabajo fácilmente, con un sueldo bajo, pero que en un principio les bastaba.
La convivencia funcionó a las mil maravillas desde el principio, llegaron a ser grandes amigos y confiaban plenamente el uno en el otro y en sus primeras salidas nocturnas, no tardaron en ganarse a los músicos de la ciudad, encontrando pronto ofertas para tocar en grupos de rock.
Solamente cuando llevaban alrededor de un mes conviviendo, fue cuando los dos jóvenes realizaron un gran descubrimiento.
Se dieron cuenta, mientras conversaban sobre sus vidas, de que tenían una amiga en común, una amiga que ambos conocían muy bien. Esta noticia llenó de euforia a los dos amigos, que inmediatamente se pusieron en contacto con esa común amiga, que precisamente, también se encontraba en aquella ciudad a la que habían ido a vivir.
Aquella amiga enseguida comenzó a frecuentar el apartamento de los dos jóvenes, que siempre la recibían con los brazos abiertos, incluso pasaba con ellos noches enteras, ya que sabía muy bien como satisfacer a los dos y ellos no podían resistirse a sus encantos.
Esta amiga de ambos se llamaba Heroína.
Los días pasaron, y Heroína seguía muy presente en las vidas de estos dos jóvenes. No fueron pocas las noches que pasó con ellos, e incluso días enteros! Ellos no cabían en su gozo, estaban pasando los mejores días de sus vidas, o al menos eso es lo que Heroína les hacía pensar.
Sin embargo, había ciertos periodos de tiempo en los que Heroína desaparecía sin dar señales de vida, y por más que los dos amigos intentaran ponerse en contacto con ella, ésta no acudía a la llamada. Precisamente, estos periodos eran los de más carestía económica de ambos, porque esa es una importante cuestión!: sin dinero, Heroína no aparecerá.
Y estos eran los peores días de los dos amigos…Heroína los había hecho subir al cielo para dejarlos caer de repente y pasaban los días lamentándose de su ausencia.
Pero cuando volvían los buenos tiempos, Heroína volvía al hogar y los muchachos lo celebraban a lo grande y poco a poco desarrollaron una perfecta administración económica de modo que Heroína estuviera siempre presente en sus vidas, a veces en modos más satisfactorios y a veces en menos, pero siempre presente, eso era lo importante.
Pasado un tiempo, el más avispado de los dos amigos, comenzó a darse cuenta de que lo mejor para él era que Heroína desapareciera de su vida, de ninguna manera podía depender tanto de ella, no señor. De modo que un día sucedió que habló a solas con ella para explicarle que no la quería más en su vida y que tenía que desaparecer. Ella respondió, muy comprensiva que entendía todo perfectamente y le pidió al joven que pasara una última noche con ella a solas y que a la mañana siguiente desaparecería para siempre.
Por supuesto, el joven no pudo negarse a tal proposición y se preparó para aquella noche a solas con Heroína.
Transcurrió la noche y llegó el día en tan solo un momento. Él nunca pudo recordar con exactitud lo que pasó aquella noche, tan solo que fue la mejor de su vida y que cuando despertó, eran casi las 15:00 PM. Con la mente embotada, trató de recordar los sucesos de la noche, pero inútil. Entonces miró por toda la habitación y vio que Heroína se había marchado, había desaparecido.
Sintió una momentánea alegría, -¡Por fin lo he logrado!- pensó. Salió a la calle a dar un paseo, y todo le parecía distinto… los rayos del sol, la brisa…no parecía lo mismo, aunque se sentía alegre. Pero esta alegría le sabía un tanto amarga y no lo complacía en absoluto.
Llegó la noche y tirado en su cama, fue cuando el joven comenzó a sentir cada vez más nostalgia hasta que no pudo soportarlo más y alargó la mano hacia el teléfono móvil, marcando el número de aquella amiga que le había dado tantas alegrías y penas.
Esperó unos segundos que se hicieron interminables a que contestaran, hasta que al otro lado del auricular escuchó la dulce voz que le dijo… -Hola cariño…-
Y el joven comenzó a sonreir…
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